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Además de esto, debemos considerar los cambios demográficos y culturales, la reducción de la tasa de natalidad, la reducción del tamaño de los hogares y el progresivo envejecimiento de la población, lo que permite augurar una mayor diversificación y sofisticación del consumo, así como un incremento del gasto en salud y en recreación de adultos mayores. Dentro de los cambios que se han podido observar, está la potente integración de las mujeres a la fuerza de trabajo, con lo que el ingreso de los hogares aumenta. Asimismo, las mujeres aparecen como consumidoras autónomas y ya no dependen de alguien para realizar actividades de consumo. A estos factores se debe agregar la amplia gama de productos tecnológicos e innovadores que han aparecido en el mercado en los últimos cinco años, que ahora son más asequibles por la población y que se han transformado en parte del consumo de los hogares. Además, hay que considerar la generación de importantes cambios en los precios relativos o de abaratamientos que ha producido la gran cantidad de productos importados. Por último, también influye el incremento histórico en los precios de combustibles, servicios básicos como el agua y otros recursos naturales. En general, la diversidad de nuevos productos y servicios. |